La Misión Francesa de Aviación

Tras la creación del Servicio de Aviación del Ejército, los oficiales y civiles encargados de su gestión, entre ellos el Teniente Guillermo Protzel del Castillo así como los civiles Manuel Sánchez Ortega y Enrique Parodi Rodríguez –por aquel entonces las más relevantes figuras de la aviación local- sostuvieron continuas reuniones en pro de la contratación de una misión militar aeronáutica que tuviese como finalidad el proveer de entrenamiento y material a la naciente arma. Dados los excelentes resultados que –a criterio del comité- había dado hasta aquel momento la misión francesa establecida en el año 1915, se propuso al entonces presidente José Pardo que fuese Francia la encargada de suministrar una misión aeronáutica que brindase el entrenamiento requerido por el ejército. Convencido de lo acertado de la medida, el presidente tomó la decisión de contratar los servicios de una misión aeronáutica francesa, que debía anexarse a aquella ya existente en el país y, acordemente, en virtud de un contrato firmado el 1º de mayo de 1919, el gobierno francés dispuso el envío de selecto grupo de aviadores, bajo el mando del General Vassal, con la finalidad de organizar y entrenar a la naciente fuerza de aviación del ejército peruano. El monto de este contrato alcanzó la suma de 375,000.00 Francos anuales, incluyéndose en el los gastos de manutención del personal, así como seis pasajes en primera clase.

Los integrantes de esta primera misión aeronáutica en arribar al Perú fueron los oficiales franceses Teniente Coronel Paul Du Beaudiez, quien ostentaba el cargo de jefe de la misión y era un piloto de combate veterano de la Gran Guerra; el Sargento Mayor Louis Couduret, experimentado “As” con once aeronaves alemanas en su cuenta personal y quien tuvo a su cargo la dirección de la Escuela de Aviación Militar; los Tenientes Alberto Chabrier, René Bremond, y José Romanet, instructores de vuelo y, finalmente, el sargento José Armant, con el cargo de mecánico de aviación. Es necesario mencionar que estos personajes también se desempeñaban como representantes de las diversas firmas aeronáuticas galas, y –gracias a sus gestiones- junto a ellos llegaron también los primeros aviones de combate al Perú, las cuales fueron, a saber:

  • 02 Morane Saulnier M.S.29C.1
  •  Spad S.XIIIC.1
  • 02 Salmson 2A.2
  • 04 Caudron G.3[1]
  • 03 hidroaviones F.B.A. Schreck H
  • 01 Farman FB.40 Goliath
  • 03 George-Levy GL.40HB.2.
Dos biplanos de instrucción Caudron G.3 del CAM

Dos biplanos de instrucción Caudron G.3 del CAM

Diez de estas aeronaves fueron adquiridas con dinero del estado, mientras que el resto se adquirió con dinero producto de donaciones efectuadas por la colonia peruana residente en Francia. Completadas las gestiones administrativas, aeronaves y oficiales se embarcaron, a mediados de julio de 1919, en el puerto francés de Brest a bordo del vapor Urubamba, propiedad de la Compañía Peruana de Vapores (CPV), con rumbo al Callao, donde arribaron el 23 de setiembre de ese mismo año. Luego de la calurosa bienvenida ofrecida por las autoridades y población limeña, la misión estableció su centro de operaciones en el pequeño campo de vuelos de Bellavista, ubicado en el distrito del Callao, campo que hasta ese momento había sido utilizado por la recientemente creada Escuela de Entrenamiento de Vuelos[2].

La llegada de la misión y su equipamiento causó un comprensible hacinamiento dentro del campo, y pronto se hizo evidente la necesidad de contar con un terreno en donde la misión pudiese instalar sus operaciones y llevar a cabo su tarea de manera adecuada. Así, las autoridades militares, en coordinación con los miembros de la misión, realizaron un estudio geográfico de la zona cercana a Bellavista determinando que un terreno de una extensión de 102,800m2 ubicado dentro del denominado “Fundo Maranga”, de propiedad de la familia Escardó, presentaba características idóneas para albergar el nuevo aeródromo. Poco después, mediante Resolución Suprema de fecha 24 de enero de 1920, el estado procedió a la expropiación del inmueble, entregándolo posteriormente en uso a la misión bajo el nombre de Centro de Aviación Militar de Maranga, naciendo así la primera escuela de aviación militar en el país.

Teniente Gabriel Chabrier posa delante de uno de los Caudron G.3 del Centro de Aviación Militar de Maranga.

Teniente Gabriel Chabrier posa delante de uno de los Caudron G.3 del Centro de Aviación Militar de Maranga.

Las obras sobre el terreno avanzaron de modo apresurado y pronto cinco hangares así como también las oficinas, cuadras, depósitos y un taller de reparaciones, todas estructuras básicas requeridas para las operaciones, habían sido erigidas, empleando para ello la madera de los contenedores en los que arribaron las aeronaves. Debido a sus características, el terreno permitió la habilitación de una única pista de 250 metros de largo por 30 de ancho, la cual –a pesar de no presentar una extensión ideal- sirvió para el propósito asignado.

Una vez establecida la escuela el paso siguiente fue llenar su planilla de alumnos y así, mediante Resolución Suprema (RS) del 20 de febrero de 1920, se nombró la primera promoción de alumnos del Centro de Aviación Militar, la cual estuvo integrada por el siguiente personal civil y militar:

Teniente de Infantería Carlos A.Gilardi Vera

Teniente de Artillería José Lucas Ragúz Verán

Teniente de Infantería Eduardo Bellantín Arenas

Teniente de Infantería Cesar A.Cossio Becerra

Teniente de Ingeniería Carlos Pro Arteaga

Sub Teniente de Reserva Ingeniería Santiago Hard Campbell

Guardia Marina Ismael Pro Arteaga

Guardia Marina Augusto Correa Santisteban

Alumno de la Escuela de Ingenieros del Ejército Alejandro Velasco Astete.

Carlos Olavegoya Kruger

Herbert Tweddle Valdeavellano

Alejandro Gamboa Schuman

Luis Garland Higginson

El 12 de junio de 1920, concluidos los trabajos de la infraestructura necesaria para la operación de la escuela, el gobierno peruano oficializó la creación del Centro de Aviación Militar mediante Decreto Supremo de esa misma fecha, quedando de ese modo incorporado el CAM en la estructura del Servicio de Aviación del Ejército.

La tragedia de Bellavista y el fracaso de la misión

El 18 de enero de 1920 se realizó un meeting aéreo, como parte de las actividades organizadas con ocasión de haberse promulgado la nueva Constitución Politica del Estado, que contó con la participación de las aeronaves tanto de la Escuela de Aviación del Ejército, como de la Escuela de Aviación Civil de Bellavista. Desde esta última ubicación, el jefe de la misión aeronáutica francesa, Tte. Cnel. Paul Du Beaudiez, acompañado del Tte. Alberto Chabrier se hizo al aire a bordo de un Caudron G.3. A plena potencia y mientras ganaba altura, el piloto galo realizó un giro buscando ahorrar tiempo y alcanzar a las aeronaves que ya habían despegado y enrumbaban hacia Lima, pero este fue muy exigido y, estando a tan solo 50m de altitud, al perder sustentación y entrar en pérdida pronto se estrelló contra el terreno. Ambos aviadores resultaron con graves heridas a consecuencia del violento impacto, falleciendo antes de que se les pudiese brindar auxilio médico. Este hecho causó gran congoja entre la sociedad limeña, la misma que acompañó –en gran numero- la caravana que trasladó los restos de estos infortunados aviadores hasta el cementerio Presbítero Maestro, donde fueron enterrados con todos los honores militares.

Restos del Caudrón G.3 tripulado por Du Beaudiez y Chabrier poco despues del accidente.

Restos del Caudrón G.3 tripulado por Du Beaudiez y Chabrier poco despues del accidente.

El trágico incidente de Bellavista marcó el punto inicial de la progresiva erosión de la confianza depositada por el gobierno peruano en la misión, la cual se vio posteriormente reforzada por la displicente actitud tomada por el resto de los integrantes de esta, quienes se dedicaron a realizar viajes de promoción de las firmas aeronáuticas que representaban empleando recursos del estado peruano en lugar de brindar instrucción adecuada a los alumnos del CAM. Así, a fin de evitar mayores perjuicios, el gobierno peruano resolvió enviar al extranjero en misión de estudios a sus más destacados alumnos militares, mientras que aquellos de origen civil fueron enrolados en la Escuela de Aviación Civil establecida en Bellavista[3].

Naturalmente, al hacerse de conocimiento público los hechos anteriormente citados, la ciudadanía exigió respuestas por lo que el congreso de la república no tardó en citar al representante de la misión con el fin de que este rindiera explicaciones ante el hemiciclo. Estas, sin embargo, no resultaron satisfactorias para las autoridades, por lo que el ministro de guerra, General Antonio Castro, presentó su renuncia, y su reemplazo consideró apropiado resolver el contrato que ataba al estado con los franceses[4] y, casi de inmediato, contrató a los oficiales de la Real Fuerza Aérea británica (RAF) Capitanes Herbert Martin Sisson y Wilbur Bradley, con la finalidad de que cumpliesen las funciones de director e instructor de vuelo, respectivamente, del Centro de Aviación Militar. Cabe resaltar que una de las primeras acciones emprendidas por el Capitán Sisson tras asumir su cargo fue el inicio de las labores de entrenamiento de vuelo ciego/nocturno, realizando el primer vuelo de este tipo el 23 de marzo de 1921.

[1]              Matriculas I al IV.

[2]              Precursora de la actual Escuela de Aviación Civil.

[3]              Administrada por los representantes de la Curtiss Aeroplane and Motor Company. Effio, 1984. Pp.134

[4]              Impávidos ante este hecho, los franceses permanecieron en el país y continuaron realizando sus vuelos de “promoción” durante el año 1921. De la Jara. 1978. Pp.263

Acerca de Alasandinas
Amaru Tincopa es un historiador aeronáutico peruano miembro de número del Instituto de Estudios Histórico Aeroespaciales del Perú. Ha publicado numerosos textos relacionados a la historia de la aviación peruana tanto en forma de libros como de articulos en diversas revistas especializadas en materia aeronáutica.

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